Crónica: La encrucijada (Parte 1)

La pobreza, la droga, la delincuencia, sumada a la corrupción que la Policía Federal tiene y posiblemente seguirá teniendo, hizo del barrio de La Boca, una zona que aunque tenga partes pintorescas como caminito, en su gran mayoría sigue representando viejos negociados, encubrimientos y muertes. En este texto  veremos cómo está actualmente el barrio, como funciona el negocio de la Comisaria 24  con diversos mal vivientes, y como los viejos conventillos, la clase obrera y la delincuencia, se mezclaron en un coctel fatal.

La Boca, zona bohemia por excelencia de la Ciudad de Buenos Aires, tuvo un origen pintoresco, que  se hizo a partir de  inmigrantes, llegados en barcos que provenían de una Europa empobrecida.  Posteriormente, cercana al puerto ya era zona de conflictos a principios del siglo XX cuando entraron en escena los llamados “guapos” quienes dieron origen a enfrentamientos personales, por el control de negocios de dudosa procedencia.
Con el pasar de las décadas, este barrio no cambió, la marginalidad y la postergación que tenían aquellos inmigrantes se sumó  a la inseguridad,  producida tanto en las villas que allí se asentaron, como aquéllos delitos  que se vieron incrementados  al ser permitidos  por la policía,  la cual también vio allí su parte del negocio.                                                                                                                                                                                            En el año 2004, el barrio de La Boca era el tercero más pobre de la Ciudad, el ingreso familiar era de 500 pesos, el cual estaba muy por debajo del salario que se necesitaba para estar sobre la línea de pobreza.   Además  el 15 por ciento de las madres tenían más de cuatro hijos y vivían hacinados en inquilinatos o conventillos que aún hoy  siguen en iguales o peores condiciones que en aquellos años.  La inseguridad abarcaba todas las calles de pertenecen a las jurisdicción de la Comisaria nº 24, la cual siempre fue muy cuestionada porque mas allá de cambiar toda su cúpula, la situación no varió y todavía hoy se mantienen los cuestionamientos .  Más de una veintena de asesinatos dudosos  ocurrieron en esos años. El de “Oso” Cisneros,  fue uno de los más cuestionados por los investigadores.  Cisneros manejaba un comedor comunitario que el mismo fundó,  luego de ser despedido del lugar donde trabajaba.  Este hombre presentó  una denuncia contra un dealer,  Juan Carlos Duarte, alias “el gordo colchones”,  al que acusó de un robo en el local del frente de su comedor.   Con pedido de captura y protegido por la Comisaria de la zona, Comisaria que luego negaría conocimiento sobre su estadía,  el 25 de junio de 2004 Duarte mató a Cisneros,  lo asesinó de dos balazos 15 minutos después de que la consigna policial se retirara del lugar en una patrulla. Duarte, cumple hoy una forme condena de 20 años de cárcel.
                                                      

“Oso” Cisneros, en la bandera del comedor “Los Pibes”.
                                               

 Durante la gestión del Comisario Cayetano Grecco, (2001-2004), el nivel de delitos no solo se elevó, sino que también se expandieron los negociados de la Comisaria; abarcaba desde el cobro y protección de los “trapitos” , que ya por ese entonces comenzaban a aumentar,  hasta las zonas liberadas  para cometer delitos. Por otra parte,  junto al riachuelo, están los asentamientos contra la ribera,  lugares de profunda pobreza que perduran desde hace más de 20 años y que son también lugares  de proliferación de la droga y de delincuentes.¿Pero porque siempre fue este barrio uno de los más castigados?                                                          

 Conventillos, focos de pobreza y droga
Ya su historia no se inicio de la mejor manera, ahí se alojo  la mayoría  la gente más necesitada  a principios de siglo,  sumada a todos los delincuentes, que lamentablemente ven allí, su oportunidad de camuflarse.  Las características edilicias de la boca, van desde pobres conventillos, que aún perduran, hasta las viejas casas detalladas, hoy ya ocupadas y modificadas, que albergan en algunos casos a más de diez familias.
 Los conventillos, muy famosos por su material de construcción y sus pintorescos frentes, son en realidad el reflejo de los marineros, la mayoría de ellos genoveses, que utilizaron las chapas y maderas sobrantes de los barcos y astilleros y las mezclas de pintura también de esas embarcaciones. Lo que hoy reflejan en realidad, con algunas excepciones  es pobreza y hacinamiento.                                  
La calle Suarez, desde su nacimiento en Pedro de Mendoza, muestra durante varias cuadras los conventillos que no fueron foco de turismo y por lo tanto no se mantuvieron en buen estado, por el contrario siguieron siendo esas viejas casas precarias.   En muchas de ellas, se vende droga, casas custodiadas por chicos jóvenes de 17 a 25 años.   Suárez 461, es uno de los casos que afectan al barrio; un viejo conventillo con la puerta de ingreso maltratada, es atendido por un joven  que recibe a los clientes con un revólver calibre 38 en la cintura, bajo la remera.  En el fondo del lugar otra persona armada se encarga de la venta y de la revisión del cliente.  Justo a la vuelta de la manzana, por la calle Martin  Rodríguez,  el 3 de abril de 2010, ocurrió el triple crimen de las hermanas  Natalia y Patricia Moreira de 28  y 30 años respectivamente,  y Gustavo Rodríguez de 20 años.   El crimen fue advertido por un taxista vecino del lugar,   quien esa noche al ver la puerta de la casa  entreabierta se asomó y  observó  a Gustavo muerto en la cama;  cuando la policía llegó al lugar,  descubrió los otros dos cuerpos  en el resto de la casa.     
En la esquina de Almirante Brown y Suárez se encontraba el ex Banco de Italia, un año  antes del triple crimen,  ese edificio tomado por familias  que quedaron sin techo durante la crisis de 2002,  se prendió fuego, muriendo allí  seis niños de entre 4 y 13 años, de ese incendio se salvaron los chicos,  que luego morirían a causa de un puñal, que se encargaba de ajustar cuentas entre narcotraficantes y clientes.                                                                                                                                            
El malestar sigue en esas cuadras luego de tantos años,  la mezcla de pobreza, delincuencia, drogas y promiscuidad son una combinación que deja sus huellas cada día.  El ex Banco ya deshabitado desde aquel incendio deja ver sus paredones sin techo, pero en ese sector de la manzana solo persiste la droga y la pobreza desde hace 12 años.
Los vecinos se negaban  a hablar con la prensa y lo siguen haciendo, seguramente con el temor de que alguien tome represalias contra ellos.  Una vecina de Pinzón y Puerto de Palos, argumentó que  en esa zona operan “tranzas”, revendedores y trapitos, todos ellos con arreglos con la policía, que no es la única que controla la zona, luego de que Prefectura ingresara en la custodia de La Boca-Barracas por orden de la ex Ministra de Seguridad  Nilda Garré, en 2010.                                                                                              

Entre coimas y recaudaciones.
Aquí entran en escena los cuida coches, quienes cobran una elevada suma, solo por estacionarse en algunos lugares del barrio y a toda hora,  sin mencionar los días de partidos, los cuales son los más “facturables”  según cuenta un comerciante de la zona, tanto para ellos como para sus socios uniformados.  “Ni yo puedo estacionar, que vivo acá hace 30 años”, comenta un vecino de la calle Martín Rodríguez.
La historia de la protección de estos trabajadores de la acera, ya viene desde años, y empezó a ser investigada  antes de la caída de toda la cúpula de la Comisaria nº24.   Una mañana de superclásico, un hombre se dispuso a estacionar su camioneta sobre la calle Aristóbulo del Valle, al bajarse fue inmediatamente increpado por uno de estos jóvenes,  que luego de escuchar que el hombre le dijo que no iba al partido, lo obligó a retirarse del lugar con amenazas,  ya que a él, tenía todo “arreglado con la brigada”.   Este hombre en realidad, era un gendarme de civil que junto con otros dos,  Orlando Scribano y Jorge Vera por orden del fiscal de la zona investigaban la actividad que aun hoy se desarrolla en todo ese sector; la relación de esa sección de la Federal, con la droga, coimas y otras actividades ilegales.  Las mafias incesantes, los negociados, los crímenes impunes sin culpables ni investigaciones, castigan y castigaran siempre  a La Boca.

Por Gianfranco Hernández
Para Zona B
   

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