Bomberos: Los héroes que nos protegen

El otro lado de ser bombero y lo que la tragedia de barracas se llevó

La mañana del último 5 de febrero , marcó el trágico final para muchas almas que se dedicaban a cuidar las vidas de los ciudadanos. La llamada de emergencia, que anunciaba el principio de incendio en un depósito, hizo encender las sirenas y poner en alerta a los bomberos voluntarios y de la Policía Federal, así como también a Defensa Civil de la Ciudad. Toda la comunidad se mantendría en vilo esas lamentables horas. Con trajes viejos y autobombas de por lo menos una década de antigüedad, asistieron fielmente al lugar del siniestro. Diez muertos fue el saldo que dejó este hecho, todos hicieron mucho, con muy poco.
Se trataba de Iron Mountain, una empresa que se dedica al archivo de documentación de otras entidades y que hasta ese momento no tenía los matafuegos en los lugares correspondientes, no le funcionaban los aspersores de emergencia y no tenía de guardia a ningún especialista. Con vehículos, que fueron puestos en servicio hace por lo menos diez años y que según expertos, son muy grandes para maniobrar, y con equipos de un lustro atrás, una Oficial que siguió el escalafón “Bomberos” en la Federal, junto a cinco suboficiales que hicieron el mismo camino, fueron los primeros en llegar al lugar y encontrarse con la terrorífica escena. Los Bomberos profesionales de la policía, tienen 11 cuarteles y 6 destacamentos, distribuidos estratégicamente en la Capital Federal, al Cuartel 1 “José M. Calaza”, que le debe su nombre a quién los comandó por aquel 1881, pertenecían estas valientes almas que hicieron el sacrificio máximo esa mañana. La gran diferencia, es que estas personas viven para su trabajo, son profesionales, y tienen un sueldo que les permite subsistir y dedicarse exclusivamente a eso.
 Tres integrantes de Bomberos Voluntarios, también murieron en ese episodio que llenó el día de cenizas. Con equipo aun más viejo que el de sus camaradas y que incluso comparten con sus compañeros del otro turno, la mayoría de ellos donados por diferentes entidades de bomberos, quienes consideran las mismas como “equipo obsoleto”, asistieron valientemente al incendio, solo porque el deber los llamó. Los desgastados camiones Mack, dieron todo su potencial, al igual que su dotación, que lucharía tres días más contra contra el incendio. Pero su cansancio y el olvido de sus semejantes, no fue impedimento para que ofrendaran su vida. Su sacrificio es mucho mayor.
 Pero esta familia, más allá de las diferencias, tienen esas cosas en común que los hacen grandes. Todos se preocupan por sus compañeros, he incluso darían la vida por alguno de ellos. Su confianza es determinante, cenan y almuerzan, ríen y lloran , pasan días y horas juntos y hasta recolectan dinero para cuando a alguno le falta algo. Son los héroes que no recordamos. Una herida dejó Iron Mountain, porque se llevó con ella, a diez valerosas personas.

Por Gianfranco Hernández
Para Zona B

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