El "Gran Cuñado" de Tinelli: Política y manipulación de las mentes

Llegamos a un punto en donde ya no se puede discutir el poder de la televisión y su influencia en las personas. Cada hogar posee uno o más televisores con su operador de cable que le brinda una variada y extensa lista de canales a su disposición para su disfrute y entretenimiento. A su vez, tiene una gran capacidad para transmitir ideas e inducir a ciertas formas de comportamiento y de pensamiento en su público.
Si bien el contenido que se consume es seleccionado por cada individuo y la lista de canales es extensa para elegir, el ciudadano argentino promedio elige mirar canales que corresponden al país, de los cuales los cinco más reconocidos son: Telefe, Canal 13, Canal 9, América y Canal 7, desglosándolos, los más elegidos por los televidentes son los dos primeros de la lista y desglosándolos aún más, en la programación de ambos canales son pocos los programas que más eligen, ya que son pocos que su contenido sea en vivo, deslumbre, sea comentado, tanto en otros programas televisivos cómo en la cena con la familia, con amigos o en la panadería del barrio y que -en teoría- resulte entretenido, son pocos a excepción de ShowMatch, el programa conducido por Marcelo Tinelli. Este programa es sucesor al viejo formato llamado VideoMatch programa emitido desde 1990 a 2004 cuyo contenido eran diferentes sketches humoristicos y -supuestas- cámaras ocultas (o también llamadas "cámaras sorpresa") que dispararon el programa a los más vistos y lo proclamaron un icono de la televisión argentina. Había pocas personas que se perdían una noche de VideoMatch, lo que pronto se convirtió en clásico y pese al cambió de nombre los sketches proseguían, pero la trascendencia del segmento de competencia de baile llamado "Bailando por un sueño", ShowMatch cambia drásticamente la orientación, llevándose el segmento la mayor parte del programa.

En 2016, ShowMatch regresó, no solo con Bailando por un sueño, si no que además incorporó otro segmento muy conocido llamado: Gran Cuñado, parodia del reality Gran Hermano, solamente que en la parodia se incluyen distintos actores personificando a politicos del momento y algunos de otros tiempos.
Este artículo no intenta describir el programa ni promocionarlo, en este artículo analizaremos el efecto en la sociedad del segmento Gran Cuñado.

No es algo nuevo que este segmento -y las bastas repeticiones de las actuaciones en distintos programas y en Internet-  manipulen la opinión de las personas acerca de los politicos que allí aparecen, con un claro guion que a simple vista del televidente pasa inadvertido como una simple parodia humoristica, pero a su vez lanza contenido ideológico que queda latente en el cerebro para que luego quizás, por ejemplo, aquel politico que antes nos generaba desconfianza le tomen un poco más de simpatía.
Tal es el caso de la imitación de Francisco De Narváez, que por su simpática representación ganó Gran Cuñado 2009 por el voto de la gente, curiosamente, el verdadero De Narváez resultó también electo como diputado ¿casualidad?

Fráncisco De Narváez y su imitador
foto: mdzol.com
Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa para las elecciones del año 2015 también se presentaron, por supuesto junto a sus imitadores ¿esto es casual? Frente a esto nos surge un interrogante ¿qué porcentaje de las personas que estaban mirando el programa terminaron de afianzar su voto teniendo solamente en cuenta el imitador del personaje politico que lo hizo reír más? puede resultar sorprendente el resultado de cifras que podamos ver (¡un 15%!), quizás tendría que haber una nueva denominación de voto: el de simpatía.


No creemos casual, que justo este año, un año muy candente a nivel politico en Argentina, Marcelo Tinelli decida sumar este segmento, aprovechando su gigantesca audiencia para manipular -queriendo o sin querer, quién sabe- las opiniones politicas de cierto sector de personas demasiado influenciables. Intentando, quizás, poner un paño de agua fria a la delicada división actual creada entre oficialismo y oposición

Sin embargo, quienes realizan el programa, inteligentemente saben que la politica vende y la politica mezclada con humor muchísimo más, por eso mismo, explotan ese segmento, aprovechando que muchos prefieren ver los rasgos menos malos o la imitación graciosa de los politicos, no queriendo ver la realidad y este placebo solo beneficia a los verdaderos politicos, que gracias al show pueden sostenerse en sus puestos de poder cómodamente, mientras el televidente hipnotizado riéndose de la imitación.

En Argentina actualmente se vive un clima de inconformidad, por aumentos en los servicios, la imparable inflación, los despidos, la falta de empleo, la inseguridad de todos los días, los hechos de corrupción, entre otros flagelos, que los ocultan o intentan tapar con pequeños parches. Mientras tanto, al igual que a un animal hambriento que ataca por hambre se lo calma dándole comida, a muchas personas incorfomes se los tranquiliza proporcionándole un televisor y un programa para ver, donde el programa minimice los problemas y de la politica provoque risas, logrando así que quienes nos someten resulten simpáticos y emitiéndole a nuestro cerebro un mensaje de conformidad ante la abrumada situación.

Pensando en todo esto, ¿Tinelli con Gran Cuñado solo está motivado económicamente o persigue otros intereses? otro interrogante que nos surge compartir ¿cuan de inmiscuidos están estos politicos en la elaboración y guion de sus personajes?

Finalizando, dejamos un fragmente de un viejo artículo escrito por Lucas Paulinovich en el año 2009 referido al mismo segmento:
 La ausencia de ideología, sabemos bien, es uno de esos tantos versos que sostienen los grandes verseros que jugar con nuestras vidas quieren. Es imposible aislar la acción humana de la ideología, porque en toda práctica sobre el mundo estamos haciendo, también una interpretació n del mismo y en lo que usamos para interpretar y en cómo lo interpretamos y en el tiempo que tomamos y de qué manera clasificamos los intereses para interpretarnos, ahí descansa la ideología. Claro que, nada tontos, si las ideologías no existen más, murieron irreversiblemente, no hay más remedio que dejarse llevar al ritmo de los tiempos; y dejarse llevar no es otra cosa que hacer y decir lo que los dueños de los aparatos de producción de símbolos y significados quieren que hagamos y digamos. Es la dominación invisible: manejan todo detrás de oscuros telones y salen a escena con máscaras de hombres bondadosos y abiertos. En el engaño falluto radica su naturaleza y su razón de ser. Es la fuente de su sostenimiento.
La vuelta de Tinelli es eso: la vuelta a las formas de construcción de ideología, a nivel masivo, envuelta en una tibia y dulcificada figura humorística.

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