Extracto de la (desigual) actualidad

Extracto de la (desigual) actualidad
Sentada en las escaleras del túnel de la estación de tren de Ramos Mejía (Provincia de Buenos Aires, Argentina) hay una señora mayor -quizás ya haya fallecido- la cual desconocemos el nombre, de unos ochenta años, allí sola, con frio o con calor, olvidada, entre personas que como sombras van y vienen, ignorando su presencia. Esta señora sin mediar palabra constantemente mantiene su mano levantada como esperando ayuda de quienes suben o bajan los escalones. Cada vez que tengo la oportunidad de pasar por allí, le ayudo, sin embargo, me queda un sabor semi amargo al saber que la ayuda es solo momentánea y no comprendo en que parte del camino la humanidad perdió el rumbo, al límite de que una anciana sobre la llovizna pida monedas, mientras que la gente indiferente, ni la percibe. No encuentro palabras para describir el egoísmo, ni para la crueldad de este sistema que lleva a las personas a ambas situaciones, tanto a las personas a pedir limosna como a quienes tienen un mejor pasar y no paran a ayudarla, desligando la responsabilidad a cualquier gobierno de turno o a cualquier otro que pase y tenga más dinero que esa persona que circunstancialmente pasa por allí.

Natalia Holgado, tenía 33 años y nació con una insuficiencia cardíaca
congénita que la hizo someterse a más de tres operaciones y luchar por su vida. Por ello familiares y amigos en el año 2015 lanzaron una colecta nacional para juntar $148.000 para comprar el stent que tenía que colocarse.
Finalmente, y gracias a la colaboración de la gente, en tan solo 48 horas lograron alcanzar la elevada cifra que necesitaban.

En agosto del año 2014 médicos del hospital plántese Sor Maria Ludovica iniciaron una colecta a través de Facebook para recolectar fondos para la instalación de un resonador magnético cuyo monto era de 10 millones de pesos.

Estos son solo tres casos, de muchos más, los cuales tienen un factor común y es la colecta de dinero. Resulta increíble que, por ejemplo, en estos tres casos, las personas tengan que soportar la calamidad de estar bajo la lluvia y el frio para tener un -mínimo- ingreso, movilizar a toda la sociedad, soportar la ansiedad y estrés de no saber si se puede llegar a recaudar el dinero suficiente para comprar un stent para que un familiar continúe viviendo o poder adquirir un aparato para facilitar la atención de salud de las personas.
¿No sería ideal que llegando a la vejez todas las personas estén cómodas en su hogar? ¿No sería ideal que cada medicamento o implante necesario para vivir, aunque no pueda comprarse, sea accesible para todos? ¿No sería ideal que los hospitales tuvieran los aparatos necesarios para atender a sus pacientes sin necesidad que los médicos realicen colectas? parece increíble, pero al parecer a alguien (o a algunos) les gusta ver como las personas (independientemente de su estado socio-economico) tengan que mendigar, cuando en realidad, tendría que ser distinto y esto nos lleva a un interrogante: ¿a donde está todo el dinero?

Mientras que prendemos la televisión y nos bombardean con programas come-neuronas para fomentar más la idiotización social como los ¿¡clásicos!? almuerzos con Mirtha Legrand o la diva de los telefonos: Susana Giménez o Marcelo Tinelli y su show sexista. Cuesta creer que aún haya formatos televisivos de esa clase, como aún peor: gente que les interesa ver. Parece mentira, pero también hay personas que lo adjudican a los parametros culturales y de educación de cada individuo, es decir, una persona con menos estudios cursados/finalizados es más susceptible a consumir estos programas, en otras palabras: cada sociedad se merece la tv que tiene. Pero esto es errado, dado que, si bien las personas eligen que programa mirar, la programación, adrede, no ofrece demasiadas alternativas ¿o sí? la mejor opción sería apagarla, pero ¿quién lo hace?
Y si no es con estos programas, es con el fútbol, la idealización de hacer creer que los colores de un club se defienden a muerte, pero las únicas muertes son las de los mismos hinchas, por qué los jugadores, lejos de los comienzos del fútbol allá por las primeras décadas del siglo pasado, lo único que defienden a muerte es su espectacular salario. Mientras se viriliza por las redes sociales #NoTeVayasMessi (que con su patrimonio puede irse a otro planeta si quiere) y hasta se organiza una marcha hacia el Obelisco de la Ciudad de Buenos Aires, los demás, los desamparados quedan abandonados a su suerte, sin viralizarse su problema, por qué claro, un desemparado es su problema su situación, pero si un futbolista multimillonario desea irse de una selección de fútbol es tristeza y preocupación nacional. ¿Hasta dónde podemos llegar como sociedad si nos preocupa y exigimos más a un futbolista que a un politico cumplir sus promesas electorales?  

Y mientras seguimos atontados con los demás programas basura y las ramificaciones de los mismos por otro lado nos dividen, haciéndonos creer que un partido o politico es mejor o peor que el otro, que uno es corrupto y el otro honesto, cuando en verdad, todos son corruptos, todos son millonarios y a ninguno le interesa -realmente- el pueblo, solo dejan que el mismo pueblo se enfrente y destroce entre sí. Si no lo logran, envían a personas también pobres, pero uniformadas a reprimirlos, mientras que con la sangre alimentan los medios que se encargan de desinformar y por supuesto, seguir dividiendo a las personas, para obtener un enfrentamiento constante, mientras que ellos los supuestos corruptos o los supuestos honestos nadan en su fortuna y la mayoría, dividida como enfrentada, realizan colectas para obtener algo que debería ser gratis. Y otros tantos pasan desentendidos de la desdicha de otra persona igual que ellos pero con menores oportunidades, cualquiera puede quedar en situación de calle, quizás esas personas desentendidas lo ven pero no quieren aceptarlo, por qué su mente está la competencia, aquella que alguna vez desde pequeños en la escuela (y desde la familia también) les inculcaron: competir para ser el mejor, para tener las mejores notas, para ser abanderado/a o destacarte del resto, por qué el burro nadie quiere ser y como sucede en otros aspectos de la vida, el de menores oportunidades, es el excluido, el que todos le escapan, no solo por serlo sino por padecerlo y le escapan, precisamente para no ver su situación y así en la carrera contra la pobreza, convertirse en el próximo parece más lejano.

Recientemente en Argentina, el gobierno nacional autorizó el aumento de tarifas de servicios básicos como la electricidad, el agua y el gas. También aumentaron las tarifas del transporte público.
Todas estas subas, aparte de ser repentinas fueron muy elevadas para el bolsillo trabajador, curiosamente los partidarios al oficialismo lo intentaban justificar con una gran falacia. Argumentaron que las tarifas, incluso con aumento, son más baratas que en casi todo el mundo. Entonces ¿que aumente el valor de los servicios y del transporte público está bien y es correcto? ¿Es correcto jugar una carrera con los demás países para ver quien tiene las tarifas más elevadas? para algunas personas, si en otros países un servicio es caro es sinónimo de eficiente, pero ¿no se debería garantizar estos y todos los servicios necesarios a cada uno de los habitantes del país? por encima de las promesas electorales, hasta movilizarse en colectivo (bus) es para solamente una parte de la población.
Lo que antes era gratis, ahora se paga, lo que antes se pagaba poco, ahora se paga mucho, lo que antes se pagaba mucho ahora resulta inalcanzable. Para muchos eso se llama progreso, habría que preguntarse para quienes.

Se puede observar "progreso" enviando al espacio satélites como el ARSAT, como se modernizan plazas y parques, como se gastan millones en fútbol o en elecciones y al salir a la calle observamos la desigualdad, la pobreza, la miseria, el hambre en aumento y nos volvemos a preguntar lo mismo: ¿a donde está todo el dinero? es muy simplista pensar que todo la tienen los gobernantes de cada país y resulta desalentador pensar que toda esa cantidad que imaginamos (o que ni podemos imaginar) solo es una pequeña parte de todo el dinero del mundo que existe (y no tenemos) acaparado en algún lugar o varios.

Según menciona JL Camacho de Mundo Desconocido:
El dinero está en manos de grandes corporaciones económicas especuladoras que durante estos últimos 30 años han amasado todos los recursos capitalicios del planeta.
Y no se equivoca, por citar un ejemplo Kenneth Chenault, CEO de American Express, la famosa institución financiera norteamericana, percibe un salario mensual de más de U$S 2.000.000 el equivalente a 4.500 salarios mínimos de Argentina (año 2016)  y 20.000 veces mayor a la pensión de jubilación no contributiva.

Gran parte de estas corporaciones controlan todo el sistema mundial a su antojo, dinero hay, solo que en los paraísos fiscales, mientras que el 99 % de la población deba mendigar o realizar penosas colectas.
Sin dudas la avaricia es el engranaje fundamental de todo esto, sin embargo, cabe preguntarse ¿es realmente solo eso? cuesta imaginar que solo por avaricia una persona acapare tanto dinero, que es poco probable que se le termine incluso a futuros descendientes.

 

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