Cámaras en colectivos: Otro "Gran Hermano" frustrado

Las cámaras de vigilancia se han convertido (o las han convertido) en una gran tendencia que día a día genera más usuarios. Se pueden observar en las calles, en empresas, en las oficinas gubernamentales, en los supermercados, casas particulares y diversos lugares más que adoptan estas nuevas tecnologías en pos de la seguridad. Recientemente se anunció la implementación de camaras de seguridad en colectivos que en tiempo real filmarán todo lo que ocurre dentro de un ómnibus. Desde la UTA aseguran que esta implementación ayudará a prevenir los delitos y los accidentes de transito, mientras que desde el Ministerio de Justicia y Seguridad porteño aseguran que "en dos años la Ciudad de Buenos Aires se convertirá en una de las más monitorizadas de América" algo que no nos resulta para nada alentador, pero sin dudas que dentro del continente (independientemente del gobierno de turno) Argentina es uno de los pioneros en copiar políticas de control de masas a nivel europeo.

En esta oportunidad analizaremos los supuestos beneficios, frente a las graves contras que conllevan la implementación de camaras de seguridad en colectivos (que tranquilamente pueden aplicarse a cualquier ámbito).

La mejor forma de vendernos algo es a través del miedo. Y uno de los mayores miedos y problemas sociales que preocupan y afectan a la sociedad por igual es la inseguridad. Nada mejor que brindar una solución a este problema y esa solución es: implementar cámaras aquí y allá ¿algo fácil no? algo tan fácil que tarda años y años para completarse en su totalidad, pese a que el delito se incrementa con las cámaras que ya existen y que muchas veces no funcionan.

De todas maneras los artífices de esto, defienden la implementación aludiendo que en Reino Unido, Estados Unidos o Brasil han hecho lo mismo, lo cierto es que por ejemplo, Londres la ciudad con más camaras de vigilancia del mundo (una por cada once habitantes, llegando cada uno a ser filmado alrededor de trescientas veces por día) no logra resolver los delitos con ellas, según se afirma: uno por cada mil cámaras. Llevó esto a que los ciudadanos ingleses se preguntaran ¿para qué tantas cámaras?
Otro de los pros que se mencionan localmente es la "ayuda para combatir el delito" cuestión también debatida en Reino Unido, donde se cuestiona si realmente están para ubicar a los delincuentes una vez cometido los delitos o bien para solamente persuadirlos. En ambos casos no son del todo de ayuda, dado que muchos delincuentes no resultan persuadidos y comente el delito de todas formas (ya que en su situación están dispuestos a todo), como también una vez cometido el delito no resulta del todo confiable que aunque hayan sido filmados por las camaras de seguridad, puedan ser atrapados.


Otras de las funciones que señalan es la de una función forense, es decir, cuando un juez pide las imágenes para las pruebas de algún hecho ilícito. Pero en muchos casos, tampoco esto sirve de ayuda. Para citar un ejemplo de un caso actual: en la provincia de Mendoza, los primeros días del mes de enero una joven sufre en su domicilio un violento robo y abuso sexual por parte de un delincuente que había bajado de una moto y cuyo acompañante hacia de campana. Finalmente ambos fueron detenidos y uno de ellos, quien manejaba, resultó ser una mujer, que días más tarde terminaría libre dado que la acompañante del delincuente al momento de ser filmada nadie pudo reconocerla por que todo el tiempo llevó el casco puesto. Por consiguiente, el caso no quedo esclarecido, ya que el otro sospechoso también fue puesto en libertad, por lo que las filmaciones resultaron ser casi nulas al momento de esclarecer el hecho.Trasladando esto a los colectivos, resulta fácil deducir que fácilmente alguien puede robar y huir sin ser reconocido o atrapado, mientras que a posteriori se realicen tareas de investigación para quizás nunca dar con el sospechoso real del delito.

Otra de las grandes cuestiones es sobre la monitorización humana de los hechos, el periodista francés Noé Leblanc en su análisis titulado "Un Gran Hermano poco eficaz" para el periodico Le Monde Diplomatic, mencionaba lo siguiente referido a esta cuestión:
Mirar las pantallas de control resulta sumamente aburrido y monótono. En las zonas residenciales (…) registraron un promedio de 6 incidentes cada 48 horas de vigilancia. Esto lleva a los operadores a luchar primero contra el aburrimiento: frecuentes idas al baño o a tomar un café, lectura de revistas, crucigramas, somnolencia e incluso voyeurismo, que representa el 15% del tiempo de visualización dedicado a vigilar mujeres
Sabemos que desde el gobierno insistiran con lo capacitación y responsabilidad que cuentan los empleados que se dedican a monitorear las cámaras, pero también sabemos que en cuanto a la practica puede haber una diferencia.
Imaginemos que durante un delito en el colectivo, el responsable de monitorear va al baño, tiempo de sobra para que el delincuente escape. No importa, de todas maneras queda registrado en la filmación y tal vez se atrape al ladrón. 

Dirigiendonos directo a los números, citando nuevamente el ejemplo de Londres, según un informe de CsMonitor en el año 2012 los gobiernos locales gastaron alrededor de 700 millones de euros en la instalación, mantenimiento y supervisión de estas cámaras. Por otra parte, según datos del año 2016 de la consultora IHS, el negocio de la videovigilancia creció un 7% a nivel global.
Instalar cámaras de videovigilancia, usando la seguridad como escusa ¿es prevención o un negocio? lamentablemente va más allá.
Beatriz Busanichi es licenciada en Comunicación Social, para una nota referida al tema para el diario Critica Digital señala:
Si contamos con que las cámaras están mayormente ubicadas en plazas y lugares de alta circulación –opina– pronto tendremos una base de datos enorme de las actividades de la gente que circula por ahí, incluyendo rostros y expresiones de activistas sociales, militantes, mujeres y niños que pasen regularmente por esos lugares. Pero no tenemos muy claro qué pasa con toda la información que se recopila, cuánto tiempo se mantiene, cómo se procesa, cómo se guarda, quién tiene acceso, con qué fines se realiza.
Esto se añade a la polémica con los DNI con chip inteligente, que poseerán historia clinica, lazos familiares, datos de ANSES, tarjeta SUBE (que ya guarda datos como: hora del viaje, numero de colectivo e interno y valor del pasaje) entre otras cuestiones filiales de la persona. 

George Orwell en su novela 1984, de alguna forma predijo lo ocurrido en Reino Unido y posteriormente repetido en otros paises del mundo, la monitorización de cada paso que realiza una persona perdiendo todo derecho de privacidad.

¿Será que las cámaras cuestan menos que educación y trabajo?  ¿o será que están para invadir nuestra privacidad? o quizás ¿controlar donde vamos y que hacemos?
Nos inclinamos más a la última opción, imaginense que podían haber hecho las fuerzas de seguridad con una ciudad totalmente monitoreada durante la ultima dictadura militar. Seguramente muchas personas más hubiesen desaparecido.
Es lógico que de está manera algunos delitos puedan ser evitados, pero son muchas más las personas que son filmadas sin su consentimiento a la deriva de que pueden hacer con su imágen y quienes son los que estan viendo.
Sumado esto, en Argentina, corrupta por naturaleza, estas imagenes tomadas en colectivos por ejemplo, seran utilizadas también para fines politicos, mientras filmen, luego dependiendo su duración, estarán con fines de adorno, sumando un gasto (más) innecesario e inutil para todos, mientras que el delito continua existiendo.

Como detalle de color, próximamente se vendrá un nuevo aumento en el boleto de colectivos de la Ciudad de Buenos Aires y GBA, quizás la implementación de cámaras sea la escusa perfecta para justificar ese aumento y mantener a los usuarios tranquilos sin quejarse, despues de todo, también hay que pagar para invadir nuestra privacidad y ser filmado sin consentimiento.

Finalizamos con el comentario de Beatriz Busanichi para el mismo diario:

Una sociedad monitoreada es menos libre y democrática


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